martes, 25 de abril de 2006

La delgada línea azul (del Metro BCN)


Como cientos de miles de habitantes del área de Barcelona, tengo que utilizar cada día el Metro para llegar a mi puesto de trabajo y volver luego a casa. E intuyo que, como la mayoría, voy y vengo en hora punta (así es como os pondrá los pelos la historia que estoy a punto de contar).

El pasado martes aproximadamente a las 19 horas entré en la parada Entença de línea azul y encontré a unas 20 personas esperando como yo...
19.04
Pasó un tren y -ay de mí- lo dejé pasar porque iba muy lleno.
19.08
Pasó otro tren: estropeado, no admitía pasaje.
19.12
Llegó...El tercer tren como un vagón cargadito de cerdos prestos al matadero. No había espacio físico, pero luchando contra la razón y las normas de la física me embutí entre el sobaco de un trabajador ecuatoriano y el blando pecho de una matrona. La humanidad me acogió solidariamente y gracias a que mi culo no es como el de Jennifer López, las puertas de mi vagón consiguieron cerrar.
19.17
Parada de metro Hospital Clínic... El hedor era insoportable y habíamos sufrido riesgo de aplastamiento varias veces pero no se nos ocurría que aún estaba por llegar lo peor. En Hospital Clínic bajó una persona y subieron 10... Las puertas se cerraron y se abrieron. Vale, no perdamos la calma. Se cerraron y se abrieron otra vez. Abrir, cerrar, abrir, cerrar. El conductor se aclaró la voz por el micrófono..."Por favor, evacúen el vagón o no podremos continuar el viaje". Nadie se movía, y las puertas venga a abrir, cerrar, abrir, cerrar...Sin solución. Un murmullo de presión se dirigió hacia los que estaban cerca de las puerta para que aligerasen el peso. Los que habíamos conseguido llegar al fondo del vagón nos encogíamos, avergonzados pero seguros de que a nosotros no nos tocaba bajar... Por fin una chica fina como una anguila asumió su destino fatal y se sacrificó por la manada...Bajó del vagón. Las puertas se cerraron, se abrieron y... Se subió un tipo!!!!!!!

Le gritamos que qué cara...Pero el tío se negó a bajarse. Y yo sólo me atrevo a decir que admiro el Japón y sus vigilantes de hora punta en el metro, aunque me tengan que empujar un poquito, impedirán a tíos como estos pasar. Esto, mal que nos pese, sólo puede pasar en España.

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